Para el profano, hay una gran confusión entre estos dos regímenes.
El primero, el régimen vegetariano, consiste en suprimir la carne y el pescado, remplazarías por la leche y sus derivados (quesos, mantequilla), los huevos y grasas animales.
El segundo, el régimen vegetaliano, excluye todo alimento animal, es un régimen vegetal. Las proteínas son aportadas por las habas, los guisantes, las judías y las lentejas, pero su valor es sensiblemente inferior al de la proteína animal.
La opinión del médico. Ser vegetariano no quiere decir hacer un régimen adelgazante, sino que es un modo de vida, un código moral, una especie de filosofía.
Para ser equilibrada, la alimentación debe proporcionar una aportación láctea de gran importancia. Ser vegetariano en realidad, puede suponer destruirse lentamente. Las carencias proteínicas conducen a la anemia, a la atrofia muscular (debilitamiento de los músculos brusco y peligroso) y a toda clase de trastornos en el estado general.
Resulta lamentable comprobar que algunos «magos» hacen creer a sus adeptos que tal alimentación es pura y sana.
Se le explica al paciente la función de la glándula y su acción sobre el metabolismo. En estado sofrónico se sugiere una sensación de calor intensa a la altura de la tiroides y se localiza entonces sobre un nuevo esquema corporal: el que el sujeto quiera adquirir.
Le pedimos que se imagine cómo será con esa silueta tan deseada, y el bienestar físico y moral que conllevará.
Todo el mundo puede ser sofronizado salvo los grandes deprimidos y psicópatas.
La opinión del médico.
La sofrología ha entrado en nuestros hogares, ha obtenido desde 1960 excelentes resultados en varias técnicas (preparación al parto, sesiones en el dentista, relajación...). Entonces, ¿por qué no aplicarla a la obesidad? Sin duda, la experiencia puede ser interesante con ciertas personas. Un sólo riesgo: creer en charlatanes.
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