Para el profano, hay una gran confusión entre estos dos regímenes.
El primero, el régimen vegetariano, consiste en suprimir la carne y el pescado, remplazarías por la leche y sus derivados (quesos, mantequilla), los huevos y grasas animales.
El segundo, el régimen vegetaliano, excluye todo alimento animal, es un régimen vegetal. Las proteínas son aportadas por las habas, los guisantes, las judías y las lentejas, pero su valor es sensiblemente inferior al de la proteína animal.
La opinión del médico. Ser vegetariano no quiere decir hacer un régimen adelgazante, sino que es un modo de vida, un código moral, una especie de filosofía.
Para ser equilibrada, la alimentación debe proporcionar una aportación láctea de gran importancia. Ser vegetariano en realidad, puede suponer destruirse lentamente. Las carencias proteínicas conducen a la anemia, a la atrofia muscular (debilitamiento de los músculos brusco y peligroso) y a toda clase de trastornos en el estado general.
Resulta lamentable comprobar que algunos «magos» hacen creer a sus adeptos que tal alimentación es pura y sana.
Se le explica al paciente la función de la glándula y su acción sobre el metabolismo. En estado sofrónico se sugiere una sensación de calor intensa a la altura de la tiroides y se localiza entonces sobre un nuevo esquema corporal: el que el sujeto quiera adquirir.
Le pedimos que se imagine cómo será con esa silueta tan deseada, y el bienestar físico y moral que conllevará.
Todo el mundo puede ser sofronizado salvo los grandes deprimidos y psicópatas.
La opinión del médico.
La sofrología ha entrado en nuestros hogares, ha obtenido desde 1960 excelentes resultados en varias técnicas (preparación al parto, sesiones en el dentista, relajación...). Entonces, ¿por qué no aplicarla a la obesidad? Sin duda, la experiencia puede ser interesante con ciertas personas. Un sólo riesgo: creer en charlatanes.
domingo, 20 de abril de 2014
sábado, 12 de abril de 2014
Diabetes inestable: ¿Qué hacer?
El
tratamiento de estos enfermos, generalmente jóvenes, aunque pueden no serlo, y
muchas veces desnutridos o que padecen algún proceso agravante, es
verdaderamente difícil y a veces desesperante. En ellos parece faltar toda
actividad insulínica endógena y fallan todos los mecanismos de adaptación y
regulación de la glucemia. Con ello, ésta varía amplisimamente y el enfermo
da verdaderos bandazos, pasando de la hiper a la hipoglucemia y entrando
fácilmente en cetoacidosis. Es importante reconocer los síntomas de diabetes a tiempo para poder establecer un tratamiento adecuado.
En estos
casos es muy importante mantener constantes y muy rígidamente controlados
(cosa muchas veces difícil, pues precisamente suelen ser diabéticos jóvenes, en
la edad de la indisciplina) el régimen y la actividad física. La alimentación
debe ser siempre rica en calorías (salvo en los raros casos con obesidad) y en
hidratos de carbono (unos 280 g). Los antidiabéticos orales no están
indicados, siendo preciso, sistemáticamente, usar insulina. Solemos emplear en
estas ocasiones insulina NPH, administrada antes del desayuno y de la cena,
unas veces en la misma cantidad las dos dosis (añadiendo una toma de alimento a
media noche), otras poniendo algo más (el 60 por 100, por ejemplo) por la
mañana que por la tarde. Las dosis se modifican con arreglo a las glucosurias,
haciendo frecuentemente glucemias antes de la cena y en ayunas, y de cuando en
cuando, un perfil glucémico.
Si existe hiperglucemia en el
curso de la mañana, puede asociarse a la NPH (sustituyendo a una parte de ella)
insulina normal en la inyección de antes del desayuno. No suele ser necesario
poner más de un 10 por 100 de la dosis en forma de normal. Igual se hace por la
tarde, si existe hiperglucemia después de la cena, aunque teniendo suma
precaución, por la posibilidad de que se produzcan hipoglucemias durante el
sueño.
En este tipo de diabetes no
usamos prácticamente nunca la inyección única diaria. En efecto, hay enfermos,
según demostró ya Hallas-Moller en 1956, que responden a la inyección matinal de una insulina
retardada (del tipo que sea) de un modo tardío; tienen hiperglucemia durante
todo el día y, en cambio, por la noche hacen hipoglucemias, a veces seguidas
de hiperglucemia matinal por un efecto Somogyi. Si en ellos, al encontrar altas
las glucemias en ayunas se eleva la dosis de NPH o lente, sólo se logra agravar
la hipoglucemia y la hiperglucemia reaccional. En cambio, si se emplea la doble
inyección, sea de NPH, sea de ésta mezclada con I. N., es generalmente factible
mantener una compensación adecuada.
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