domingo, 20 de abril de 2014

El régimen vegetariano y el légimen vegetaliano

Para el profano, hay una gran confusión entre estos dos regímenes. El primero, el régimen vegetariano, consiste en suprimir la carne y el pescado, remplazarías por la le­che y sus derivados (quesos, mantequilla), los huevos y grasas animales.

El segundo, el régimen vegetaliano, excluye todo alimento animal, es un régimen vegetal. Las proteínas son aportadas por las habas, los guisantes, las judías y las lentejas, pero su valor es sensiblemente inferior al de la proteína animal. La opinión del médico. Ser vegetariano no quiere decir hacer un régimen adelgazante, sino que es un modo de vida, un código moral, una especie de filoso­fía.

Para ser equilibrada, la alimentación debe propor­cionar una aportación láctea de gran importancia. Ser vegetariano en realidad, puede suponer destruirse len­tamente. Las carencias proteínicas conducen a la ane­mia, a la atrofia muscular (debilitamiento de los múscu­los brusco y peligroso) y a toda clase de trastornos en el estado general.

Resulta lamentable comprobar que algunos «magos» hacen creer a sus adeptos que tal ali­mentación es pura y sana. Se le explica al paciente la función de la glándula y su acción sobre el metabolismo. En estado sofrónico se sugiere una sensación de calor intensa a la altura de la tiroides y se localiza entonces sobre un nuevo esque­ma corporal: el que el sujeto quiera adquirir.

Le pedi­mos que se imagine cómo será con esa silueta tan de­seada, y el bienestar físico y moral que conllevará. Todo el mundo puede ser sofronizado salvo los gran­des deprimidos y psicópatas. La opinión del médico.

La sofrología ha entrado en nuestros hogares, ha obtenido desde 1960 excelentes re­sultados en varias técnicas (preparación al parto, se­siones en el dentista, relajación...). Entonces, ¿por qué no aplicarla a la obesidad? Sin duda, la experiencia puede ser interesante con ciertas personas. Un sólo ries­go: creer en charlatanes.

sábado, 12 de abril de 2014

Diabetes inestable: ¿Qué hacer?

El tratamiento de estos enfermos, generalmente jóvenes, aunque pueden no serlo, y muchas veces desnutridos o que padecen algún proceso agra­vante, es verdaderamente difícil y a veces desesperante. En ellos parece faltar toda actividad insulínica endógena y fallan todos los mecanismos de adaptación y regulación de la glucemia. Con ello, ésta varía amplisimamente y el enfermo da verdaderos bandazos, pasando de la hiper a la hipoglucemia y entrando fácilmente en cetoacidosis. Es importante reconocer los síntomas de diabetes a tiempo para poder establecer un tratamiento adecuado.



En estos casos es muy importante mantener constantes y muy rígida­mente controlados (cosa muchas veces difícil, pues precisamente suelen ser diabéticos jóvenes, en la edad de la indisciplina) el régimen y la actividad física. La alimentación debe ser siempre rica en calorías (salvo en los raros casos con obesidad) y en hidratos de carbono (unos 280 g). Los antidia­béticos orales no están indicados, siendo preciso, sistemáticamente, usar insulina. Solemos emplear en estas ocasiones insulina NPH, administrada antes del desayuno y de la cena, unas veces en la misma cantidad las dos dosis (añadiendo una toma de alimento a media noche), otras poniendo algo más (el 60 por 100, por ejemplo) por la mañana que por la tarde. Las dosis se modifican con arreglo a las glucosurias, haciendo frecuentemente gluce­mias antes de la cena y en ayunas, y de cuando en cuando, un perfil glucémico.

Si existe hiperglucemia en el curso de la mañana, puede asociarse a la NPH (sustituyendo a una parte de ella) insulina normal en la inyección de antes del desayuno. No suele ser necesario poner más de un 10 por 100 de la dosis en forma de normal. Igual se hace por la tarde, si existe hiper­glucemia después de la cena, aunque teniendo suma precaución, por la po­sibilidad de que se produzcan hipoglucemias durante el sueño.


En este tipo de diabetes no usamos prácticamente nunca la inyección única diaria. En efecto, hay enfermos, según demostró ya Hallas-Moller en 1956, que responden a la inyección matinal de una insulina retardada (del tipo que sea) de un modo tardío; tienen hiperglucemia durante todo el día y, en cambio, por la noche hacen hipogluce­mias, a veces seguidas de hiperglucemia matinal por un efecto Somogyi. Si en ellos, al encontrar altas las glucemias en ayunas se eleva la dosis de NPH o lente, sólo se logra agravar la hipoglucemia y la hiperglucemia reaccional. En cambio, si se emplea la doble inyección, sea de NPH, sea de ésta mezclada con I. N., es generalmente facti­ble mantener una compensación adecuada.